
La mayor parte de los científicos que defienden los experimentos con animales aducen en primer lugar que los resultados de tales experimentos pueden utilizarse en la prevención o el tratamiento de enfermedades que afectan a los seres humanos, y segundo que los animales son tan diferentes de los seres humanos que no hace falta preocuparse de que sufran ningún tipo de dolor o molestia.
Estos dos argumentos no encajan.
Si los animales son tan similares a los seres humanos • como para que los resultados de las investigaciones sean de valor para la clase médica, entonces los miles de experimentos atroces que se llevan a cabo a diario son excesivos, inexcusables e imperdonables moral y éticamente.
Por otra parte, si los animales son tan diferentes de los seres humanos que no sufren durante procedimientos que resultarían evidentemente aterradores y enormemente dolorosos a los seres humanos, entonces los resultados de tales experimentos carecen de valor.
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